Cuando una persona respeta a las demás es porque se respeta a sí misma. Se ama, se cuida, lucha por mantener su paz, su autoestima y al sentirse totalmente bien consigo misma puede hacerlo también con el resto, aunque no esté de acuerdo con sus valores o su comportamiento. De ahí pues es de donde surge el respeto.
Cuando alguien es irrespetuoso, altamente inconformista e incluso quejica, suele ser porque necesita engrandecer su ego, para sentirse vivo y al tiempo superior.
Querrá tener la razón siempre, porque puede que dude de su propia opinión, será quejica porque probablemente haya sido criticado desde niño.
Tiene que aparentar ser fuerte , decidido, seguro de sí mismo para hacerse respetar. Pero hay veces que estas personas se derrumban, se quitan la máscara en su intimidad y descubren que son sujetos plagados de miedos, desconfianzas, apegos, complejos, etc, y todo ello provoca un humor oscuro.
Quizás una voz les susurre que no lo valen y tienen que hacer que el resto tampoco.
Sienten que han de estar más pendientes de los demás que de ellos mismos para ver sus reacciones hacia ellos, sus palabras, si lo admiran o rechazan.
Puede parecer paradójico, pero cuanto más pendiente está una persona del resto, más egoísta es, o más bien egocéntrica. Se cree que es un sol que pude atraer a los demás como si fuesen planetas, bajo el influjo de su gravedad.
No se conocen a sí mismos a sí mismos y por eso fingen ser alguien que no son.
Pero cuando te conoces, todo cambia. Tu seguridad hace que permanezcas en un estado de paz en el que sientes que no es necesario demostrarle nada a nadie. Tú tienes tus ideas y respetas las del resto sin más, sin entrar al trapo en ningún tipo de discusión, porque es más importante la paz interior que quedar por encima de cualquiera.
domingo, 12 de julio de 2015
La Superficialidad
Vivimos constantemente en la superficie de la vida, siendo presas de lo material, lo perecedero, la belleza sin más, pensando que esto nos dará la felicidad.
No nos enseñan a mirar el interior, sobre todo el nuestro, a empatizar con otras personas, a ser conscientes de que cada uno es un individuo pero al tiempo somos uno.
Me terminé dando cuenta de que las personas más superficiales son las que no han aprendido a mirar en su interior, las que no se conocen a sí mismas.
Son egoístas, egocéntricas, prepotentes, creyéndose superiores a los demás. Algunas narcisistas, otras competitivas, así se pasan la vida intentando humillar al que tienen al lado para parecer ellos mejores.
Todos, absolutamente todos tenemos defectos, pues la perfección no existe y si existiera un ser así, sería uno que reconocería y admitiría sus defectos e intentaría mejorarlos.
Las personas superficiales parecen tener miedo de sí mismas y por otra parte de que los demás los vean tal cual son y piensen que son unos pobre mediocres.
Hace poco leí, que realmente nadie es especial, cada uno tiene sus propias cualidades que le hacen de una u otra manera. Pero a los humanos nos encanta encasillar a las personas , enaltecer a unas y degradar a otras.
Siempre estamos viendo la paja en el ojo ajeno, como si nosotros fuésemos perfectos. Pero tras estas críticas, lo que hay es una gran inseguridad y falta de amor propio, pero en lugar de hacerlo patente, preferimos esconderlo tras una máscara de superficialidad, mostrando a los demás "Lo mucho que nos queremos a nosotros mismos". Pero... ¿De verdad lo hacemos?
Por Inma (Amrit Nam Kaur)
Por Inma (Amrit Nam Kaur)
domingo, 28 de junio de 2015
La Crítica
La crítica es una palabra que normalmente
asociamos a algo malo, como un comportamiento, un error, etc. Aunque por otro
lado tenemos la denominada crítica constructiva, que lo que pretende es enseñar
algo o hacer crecer a una persona, marcándole, eso sí, amablemente, sus fallos
y después aconsejándole un nuevo modo de hacer las cosas para mejorar.
Esto último, más que crítica destructiva lo
considero enseñar, instruir, pues los maestros es eso lo que hacen, corregir a
sus pupilos para marcarles el camino correcto.
En algunos momentos, puede que te encuentres
con personas que te critican y te dan su opinión acerca de lo que deberías
hacer, pero según el tono que utilicen, sabes perfectamente si te lo están
diciendo porque en verdad quieren ayudarte, o simplemente para marcar una
comparación y sentirse ellos superiores.
Las críticas son realmente peligrosas, pues a
veces llegan a herir a personas que ni siquiera sienten que hayan hecho algo
incorrecto, dañino o malo.
Hay personas que utilizan la crítica simplemente
para hacer sentir mal a la persona que tienen al lado y satisfacer su propio
ego. Esto es muy propio de los denominados vampiros energéticos, personas que
hacen sentir mal a los demás, disfrutando así del sufrimiento ajeno.
Normalmente, lo que sucede con estos
individuos es que detrás de su comportamiento criticón se encuentra una
tremenda inseguridad hacia ellos mismos, complejos, exceso de perfección etc.
No viven a gusto consigo mismos, no se conocen, sienten que se van a reír de
ellos si no hacen todo perfecto y para disimular todos estos sentimientos se
ocultan bajo una máscara de superioridad y crítica extrema.
Defienden a ultranza sus valores, como podría
hacer cualquier persona, con la salvedad de que ellos pretenderán llevar
siempre la razón, y llevarte a su terreno sea como sea para demostrar que ellos
hacen lo correcto y el resto no, sin respetar las opiniones de los demás,
alegando que "no te has informado lo suficiente, no has leído a cerca del
tema, tú no has estado allí, tengo un amigo que me ha dicho..."
Generalmente no nos damos cuenta, pero muchas
veces, estas críticas son hechas simplemente para llamar la atención y como he
dicho antes, aumentar su sentimiento de superioridad.
Lo mejor en estos casos, es saber discernir
primero, cuando estás recibiendo una lección (es decir, que lleva tras de sí
una enseñanza) o una simple una crítica procedente del más infantil de los
egos. En el primer caso, acéptala de buena gana, te están haciendo un bien,
quieren que mejores, que avances, que crezcas. En el segundo, siempre hay
detrás la malsana intención de dañar, pero en lugar de permitir que tu ego se
sienta humillado, piensa que tras esa hiriente crítica hay una persona que
sufre por sus propias críticas personales. Puedes sentir lástima, compadecerte
de ellos, sonreír y seguir adelante.
domingo, 14 de junio de 2015
La Verdad a cerca de la iluminación
La iluminación es la meta y el fin de toda persona que sigue un camino espiritual, alcanzar la paz, la calma, llegar al nirvana...
¿Pero por qué se alcanza esa calma?
La iluminación hace referencia a darse cuenta o ser consciente de algo que no veíamos, que permanecía velado u oscuro a nuestros ojos.
Cuando vas desentramando toda esta maraña que supone el comportamiento de la sociedad humana, vas reconociendo determinado patrones que después te hacen actuar de una manera más comedida y serena. Te vuelves más paciente y eres capaz de adelantarte a comportamientos indeseados o problemas, antes de que sucedan, pues eres capaz de saber las consecuencias.
Piensas más antes de hablar y poder herir a alguien, te vuelves más comprensivo y amoroso, y no juzgas a la gente, si no que tiendes a tratar a todos igual.
Toda circunstancia y persona se convierte en una ocasión de aprender y ves que recibes lecciones cada día de todo tipo de personas y en un sin fin de situaciones. Te vuelves más atento y alerta, te enfadas cada vez menos, disfrutas más de las cosas simples, y lo material empieza a ser algo superfluo, reconociendo que al fin y al cabo es efímero.
Las cosas que antes tenían importancia empiezan a perderla, las riquézas, los títulos, estudios, logros personales, competiciones, etc. Incluso prierdes el interés por llevar siempre razón. Es decir, el ego va mengüando y terminas identificándote con un yo más profundo, el yo que disfruta con un paseo por el campo, una siesta, la conversación con un viejo amigo, y te terminas dando cuenta, que lo realmente importante es el trato que las personas nos damos las unas a las otras. Ya sabéis, la belleza está en el interior, pues el comportamiento es lo que hace realmente bella a una persona que comparte su sabiduría para hacer sentirse en paz a otra. Eso es exactamente un maerstro iluminado.
Amrit Nam Kaur
¿Pero por qué se alcanza esa calma?
La iluminación hace referencia a darse cuenta o ser consciente de algo que no veíamos, que permanecía velado u oscuro a nuestros ojos.
Cuando vas desentramando toda esta maraña que supone el comportamiento de la sociedad humana, vas reconociendo determinado patrones que después te hacen actuar de una manera más comedida y serena. Te vuelves más paciente y eres capaz de adelantarte a comportamientos indeseados o problemas, antes de que sucedan, pues eres capaz de saber las consecuencias.
Piensas más antes de hablar y poder herir a alguien, te vuelves más comprensivo y amoroso, y no juzgas a la gente, si no que tiendes a tratar a todos igual.
Toda circunstancia y persona se convierte en una ocasión de aprender y ves que recibes lecciones cada día de todo tipo de personas y en un sin fin de situaciones. Te vuelves más atento y alerta, te enfadas cada vez menos, disfrutas más de las cosas simples, y lo material empieza a ser algo superfluo, reconociendo que al fin y al cabo es efímero.
Las cosas que antes tenían importancia empiezan a perderla, las riquézas, los títulos, estudios, logros personales, competiciones, etc. Incluso prierdes el interés por llevar siempre razón. Es decir, el ego va mengüando y terminas identificándote con un yo más profundo, el yo que disfruta con un paseo por el campo, una siesta, la conversación con un viejo amigo, y te terminas dando cuenta, que lo realmente importante es el trato que las personas nos damos las unas a las otras. Ya sabéis, la belleza está en el interior, pues el comportamiento es lo que hace realmente bella a una persona que comparte su sabiduría para hacer sentirse en paz a otra. Eso es exactamente un maerstro iluminado.
Amrit Nam Kaur
lunes, 8 de junio de 2015
miércoles, 27 de mayo de 2015
La Decepción
A mí, como supongo que le habrá pasado a otras muchas personas, he sufrido decepciones. Las que más duelen son las de los seres queridos, familia, amigos...
Al final te llevas tantas que decides no esperar nada de nadie, es decir, pierdes la confianza y cuando eso ocurre es muy difícil recuperarla.
El sentimiento de desconfianza puede ir unido al rencor y al no querer perdonar. Cuando sufres una decepción porque has depositado tu confianza en alguien y este la ha roto, uno al principio se siente aturdido, como si le hubieran dado una bofetada tan fuerte que no sabe dónde está.
Después piensas: ¿Qué hago? ¿Me enfado, grito, me pongo triste, dejo de hablar a esa persona, la perdono y hago como que no ha pasado nada?
Yo, directamente me aplico un consejo que le he dado muchas veces a mis amigas: "No esperes nunca nada de nadie, vivirás más feliz".
Tendemos a idealizar a las personas, a creer que nos va a proteger, a ayudar, a estar allí pase lo que pase, a defendernos, a darnos cariño, a ser nuestros fieles caballeros andantes... Pero nada de eso.
Así que, lo mejor que podemos hacer, es aplicar todas estas acciones a nosotros mismos: protegernos, ayudarnos, defendernos, darnos cariño, sernos fieles a nosotros mismos y así, cuando no suframos por nuestras carencias y dejemos de buscarlas en los demás, a lo mejor dejaremos de decepcionarnos.
miércoles, 20 de mayo de 2015
La Sencillez
En los tiempos que vivimos hoy en día es muy difícil ser sencillos, pues lo queremos todo: una casa grande, un coche potente, los trajes y perfumes más caros, joyas de marca...
¿Pero para qué nos sirve todo eso? ¿Para acumular, para guardarlo en un cajón? ¿Para presumir y dar envidia a los demás? ¿Para aparentar una clase social?
A mí me gusta la sencillez, pues me parece mucho más elegante una persona sencilla, la que disfruta de un paseo por el campo, de la visión de las estrellas, la que se para a mirar las flores de un jardín, las huele pero no las arranca. La que disfruta del sol, la luna, la brisa veraniega, la compañía de su mascota, sus amigos, su familia.
La que se compra un paquete de pipas y una lata de refresco y se tira las horas muertas hablando con su mejor amiga.
La que disfruta del silencio de la tarde cuando todos duermen la siesta.
Esa que valora una caricia, una mirada, un "Te quiero", más que a nada en el mundo y lo guarda en su memoria para revivirlo una y otra vez.
La que se queda ensimismada y viaja con su imaginación, pues no tiene dinero para viajar de verdad.
La que, en definitiva, se hace compañía a sí misma y encuentra consuelo en el fondo de su alma.
Inma Martín (Amrit Nam Kaur)
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