miércoles, 27 de mayo de 2015

La Decepción

A mí, como supongo que le habrá pasado a otras muchas personas, he sufrido decepciones. Las que más duelen son las de los seres queridos, familia, amigos...

Al final te llevas tantas que decides no esperar nada de nadie, es decir, pierdes la confianza y cuando eso ocurre es muy difícil recuperarla. 

El sentimiento de desconfianza puede ir unido al rencor y al no querer perdonar. Cuando sufres una decepción porque has depositado tu confianza en alguien y este la ha roto, uno al principio se siente aturdido, como si le hubieran dado una bofetada tan fuerte que no sabe dónde está. 

Después piensas: ¿Qué hago? ¿Me enfado, grito, me pongo triste, dejo de hablar a esa persona, la perdono y hago como que no ha pasado nada?

Yo, directamente me aplico un consejo que le he dado muchas veces a mis amigas: "No esperes nunca nada de nadie, vivirás más feliz".

Tendemos a idealizar a las personas, a creer que nos va a proteger, a ayudar, a estar allí pase lo que pase, a defendernos, a darnos cariño, a ser nuestros fieles caballeros andantes... Pero nada de eso.

Así que, lo mejor que podemos hacer, es aplicar todas estas acciones a nosotros mismos: protegernos, ayudarnos, defendernos, darnos cariño, sernos fieles a nosotros mismos y así, cuando no suframos por nuestras carencias y dejemos de buscarlas en los demás, a lo mejor dejaremos de decepcionarnos.