domingo, 12 de octubre de 2014

Ni pastillas, ni auxilio

El otro día estuve en el centro de salud de mi municipio y mientras mi chico y yo esperábamos nuestro turno, vi un cartelito frente a mí que decía algo como que no todo se soluciona con medicamentos, cosas tales como el desamor, el estrés, etc, alegando que estas cosas no son enfermedades, es la vida misma y que las cosas negativas también forman parte de ella.
 Ahí terminaba el mensaje, y perdonad el lenguaje que voy a utilizar pero venía a decir algo cómo, "No te vamos a recetar pastillas, así que asume tus problemas y si no lo haces jódete".
Al menos esa es la sensación que me transmitieron a mí esas palabras, porque ni siquiera da al final un mensaje esperanzador como: "Busca un psicólogo, habla con tus amigos, practica yoga, diviértete, sal a pasear..." No, simplemente decía que la vida es dura. 
Yo me preguntaba quién habría sido el desaprensivo que había hecho ese "maravilloso" cartel. Cuando las personas están desanimadas, cansadas y tristes lo último que necesitan oír es que la vida es así, aunque sea cierto, pero son personas que lo que necesitan es que su ánimo se eleve y no que les digan "Vete acostumbrando", porque entonces sí que no tiran para alante.
No me gusta cómo algunos médicos de cabecera tratan la depresión, sobre todo en gente joven, que amparándose en su juventud, piensan que es un estado pasajero y ni si quiera se molestan en saber si en su familia hay antecedente depresivos, o cuál es su estado económico, etc. Es realmente frustrante que te traten como a un idiota, como si no supieses lo que te pasa y ellos sí; personas que para empezar ni siquiera creen en la medicina holística y piensan que una enfermedad tiene que tener síntomas y si no, es que estás mal de la cabeza y ya está. Creen que la tristeza no es una enfermedad, sin darse cuenta de que a largo plazo puede tener consecuencias graves. 
Muchas personas se encuentran en esta situación, los hay que salen adelante, con mucho esfuerzo, eso sí, y se chocan contra un muro constantemente porque sus propios médicos de familia no les comprenden, y hasta que la depresión no deriva en una enfermedad física o le da a uno un infarto, algunos facultativos no mueven un dedo y le restan importancia.
Estamos de acuerdo en que muchos estados de ánimo no tendrían que tratarse con ansiolíticos, pero esto tampoco se soluciona haciendo oídos sordos y dándole la espalda al paciente. 

Y para que este post no resulte demasiado crítico, os dejo este fantástico vídeo: