lunes, 18 de julio de 2011

MANIFESTACIONES DE SHIVA

EL LINGA DE SHIVA

El Linga, el “símbolo” emblemático de Shiva, estaba destinado desde sus orígenes a funcionar en dos niveles: en un plano metafísico y trascendental representa la divinidad sutil, incognoscible e invisible, mientras que el físico su alusión anatómica hace referencia a su capacidad de generar vida mediante su energía cósmica.



El Linga puede ser sencillo y carente de ornamentos , o bien como se observa en los ejemplares más antiguos , datables  hacia el siglo I a.C., aparece ornado hasta con cinco rostros humanos que representan distintos aspectos de la personalidad de Shiva. El rostro o rostros que emanan del eje de un linga pueden considerarse la primera parte de la manifestación divina (Primero la cabeza como en un nacimiento), que conduce a una forma antropomórfica completa, como la que hallamos en Guidemallam, en Andhara Pradhes y unos siglos más tarde, en Mathura. En el periodo gupta, no obstante, se impone el rostro de Shiva saliendo del eje del linga.

Otras manifestaciones

Shiva es la más compleja de todas las deidades, ya que tradicionalmente adopta 28 formas reconocidas. A pesar de eso, sus múltiples manifestaciones son elementos inherentes  y vitales para la mitología de este dios y para entender su compleja personalidad imperfecta. A diferencia de los avatares de Vishnú, que son apariencias divinas de la misma importancia, para los devotos de Shiva una de las formas es supremamente sagrada, el linga. Las manifestaciones restantes no desafían nunca la supremacía del símbolo primordial de este dios, significado literal del término sánscrito linga.

Como maestro yóguico supremo (yogeshvara), Shiva alcanzó su máxima expresión Elefanta en el siglo VI d.C en una manifestación de su naturaleza esencial como maestro de la disciplina del yoga, a partir de la cual todo lo demás es posible. Shiva, el yogui trascendental, toma a su vez toda una serie de formas afines como maestro original de yoga, gurú supremo, dakshinamurti y maestro del conocimiento, la música y las artes.


La forma de expresión más completa de la energía creadora de Shiva es Natesa, señor de la danza mediante el cual crea, sustenta, destruye y regenera el universo. La representación de su danza cósmica se describe de forma detallada y gráfica en un texto en sánscrito del siglo IX, el Haravijaya, escrito por el poeta cachemir Ratnakara como epopeya para recitar en la corte. Shiva baila de muchos modos, pero el más representado en forma escultórica es el de la anandatandava (La orgullosa danza de la dicha), en la que aparece con una pierna alzada y una mano dirigida hacia el suelo, como Nataraya, el Bailarín Supremo, creador y dispensador de gracia a sus fieles.