viernes, 4 de noviembre de 2011

LA IGNORANCIA DE LOS CULTOS

Se me ocurrió escribir este artículo tras comprobar, en numerosas ocasiones, como la gente menosprecia las artes y actividades físicas.
En la actualidad, para que se te respete y no te miren por encima del hombro, has de ser médico, ingeniero superior (de lo que sea), licenciado en física, o filólogo.
Pero cuando a alguien le dices que eres diplomado en Magisterio de Educación Física, Doctor en INEF, entrenador personal, profesor de aerobic, yoga, pilates, artes marciales, danza y un largo etc, en seguida te miran como si no les llegaras a la suela del zapato.
Todos los padres deseas que sus hijos sean alguien de provecho y hagan algo grande con sus carreras. Otros  animan a sus hijos a que hagan lo que realmente les gusta para que no terminen sus vidas haciendo algo que probablemente terminarán aborreciendo.
Es muy típico ver como hay jóvenes que presionados por sus padres terminan haciendo una carrera que realmente no les gusta, y al final, optan por seguir su verdadera vocación.
A mí me sucedió esto con el yoga.                                                                      
Conocí el yoga con 15 años, debido a un estado depresivo en el que me vi inmersa, debido a la constante exigencia de un colegio privado.
Desde el primer día me encantó la experiencia, aunque en ese momento ni me imaginaba que iba a terminar siendo maestra de esta misma disciplina.
Cuando salí de la pesadilla asfixiante que me supuso el “instituto” (lo entrecomillo porque más bien se podría definir como campo de concentración) hice la carrera de Cinematografía especializando en Guión de Cine y Televisión.
La verdad es que disfruté mucho de todas las enseñanzas que me brindaron todos mis profesores, pero para terminar trabajando de guionista, había que ser el hijo del productor o algo parecido. Vamos, lo que pasa siempre en el mundo del espectáculo. Pero, sin embargo, yo nunca abandoné mi disciplina yóguica y gracias a la inspiración que en mí despertaron mi maestro y maestra yoguis, me di cuenta, que lo que verdaderamente quería hacer era conocer todo a cerca de esta antigua disciplina y transmitirlas a personas que realmente lo necesitaran.
A los 20 años ya era profesora de yoga y comencé a trabajar con el entusiasmo de un principiante, enfrentándome a la vez a la ignorancia de las personan que se piensan que el yoga es una “gimnasia suave” o una gimnasia en la que te tienes que poner la pierna detrás del cuello y decir “oooooommmmm”, o simplemente repetir el “Saludo al Sol” hasta la saciedad durante hora y media.
La gente piensa, por lo general, que detrás de una actividad física, ya sea yoga, ya sea pilates, Judo, patinaje, fútbol o lo que sea, no hay nada más. Y ahí es donde se equivocan.
Las actividades físicas mantienen ocupada a la mente. Primero la entretienen, luego la dominan y finalmente la relajan.
Mantener una rutina de ejercicio hace a tu mente más disciplinada, y a tu cuerpo más fuerte y flexible. Hace que tu sistema inmunológico sea más fuerte y seas más resistente a las enfermedades. Estarás más relajado y de buen humor debido al aumento de endorfinas y serotonina. No tendrás tiempo de enfadarte, no tendrás tiempo de preocuparte porque esta actividad mantiene toda tu atención.
El cuerpo y la mente están estrechamente unidos, y si la mente no está bien el cuerpo lo nota. Puede que este empiece a adelgazar, a contracturarse, a llenarse de acné. Puede incluso crear enfermedades crónicas como él asma, cardiopatías, enfermedad de Crohn y todo porque nuestra mente y los sentimientos que en ella habitan no se encuentran bien.
Puede que intentemos sanar nuestros problemas mentales acudiendo a un psicólogo o llenándonos de pastillas inútiles. Pero, si no eres capaz de dominar tus sentimiento y no cuidas tu cuerpo como un templo, existirá un desequilibrio constante en tu ser.
Hay que vivir el cambio de un modo íntegro, y sabiendo que si la mente no está bien el cuerpo tampoco.
No hay que agobiarse. Si no se es capaz de cambiar la mente, prueba primero a cambiar tu cuerpo.
Haz ejercicio, como mínimo tres veces a la semana durante una hora, siempre a la misma hora del día, y te darás cuenta como tu mente se va habituando a una rutina. Al mes, incluso notarás que tu mente y también tu cuerpo te pedirán que les sometas a este entrenamiento, simplemente por el placer de concederse un respiro.
Los músculos disfrutan del entrenamiento físico, por eso tienen memoria. La memoria muscular se activa con el entrenamiento; con que hagas un ejercicio una sola vez, tus músculos memorizarán la secuencia de movimiento para hacerlo mejor la próxima vez.
Esto no hay que convertirlo en una competición contra otros cuerpos y mentes, todo lo contrario, ha de ser una disciplina personal, aunque la hagas en grupo, por eso, muchos profesores de Educación Física, no son amigos de los deportes competitivos y prefieren dar más importancia al trabajo en equipo o ejercicios sencillos en los que el alumno esté concentrado en su propia técnica, simplemente para mejorar un movimiento, una postura o un estiramiento.
Está comprobado científicamente que los niños que disfrutan de clases extraescolares físicas o musicales (porque tocar un instrumento también requiere de concentración y al tiempo relaja la mente) rinden mejor académicamente, por el simple hecho de disfrutar de un paréntesis en su rutina de estar sentado en una silla moviendo únicamente sus ojos, sus párpados y una de sus manos.
Pero esto no solo le ocurre al niño, también al adulto, y este al igual que los benjamines, han de mantenerse en forma, por su salud física y mental.
El deporte, sea cual sea, es la manera más sana y barata de combatir el estrés, responsable de muchísimas enfermedades. Y no hace falta que te “disfraces” para practicarlo. Monta en bici, aunque no vistas como un ciclista, haz aerobic, corre, andan, nada, levanta pesas, o simplemente juega al “Pilla-pilla” con tus hijos.
No hay escusa, la barrera siempre la pones tú.

Por Amrit Nam Kaur