domingo, 19 de febrero de 2012

"Calle del Santo Hijo del Diablo" de Carlos Álvarez García (Tío Car)

Un inspirador cuento en verso del buen amigo Tio Car.

¡¡¡Que disfruten!!!



Había una vez un ser humano que

si estornudabas te ofrecía su sueter.



Un ser humano que

solía comprar droga y tirarla al váter.



Érase una vez un ser humano que

domiciliaba media nómina en una O.N.G.



Un ser humano que

daba clases de evolución a los chimpancés.



Había una vez un ser humano que

te regalaba un telescopio si apagabas la tele.



Un ser humano que

pagaba a las putas por estudiar en los burdeles.



Érase una vez un ser humano que

provocaba a los violadores para que se desfogaran con él.



Un ser huamno que

dejaba cuencos de leche en su balcón a los extraterrestres.



Había una vez un ser humano que

jugaba al futbolín con el portero del revés.



Un ser humano que

te despistaba y sacaba sus piezas del ajedrez.



Érase una vez un ser humano que

si le pisabas un pie, exclamaba sonriente: "Amén".



Un ser humano que

puntuaba una mierda, y le daba un diez.



Había una vez un ser humano que

en otoño pegaba flores de plástico en los árboles.



Un ser humano que

prestaba sus dedos como chupete a los bebés.



Un buen día sus vecinos empezaron a pensar

que había algo diabólico en su perfecta bondad.

Había algo indecente en tanta decencia.



Y es que los buenos ejemplos nos ponen en evidencia.



Y lo crucificaron boca abajo.

Y en su agonía el fulano gritó:"¡Donad mis órganos!".

Y así fue como empezó la lluvia de escupitajos.

Y una vieja le clavó una escoba en el costado.



Y lo crucificaron boca abajo.

Y en su agonía el fulano gritó: "¡SOY VUESTRO, HERMANOS!".

Y en su último suspiro susurró: " ..os amo".

Y cubrieron el cadáver de puñetazos.



Un buen día sus vecinos empezaron a contemplar

todos sus vicios de relieve ante aquel aura virginal.

Había algo perverso en tanta inociencia.



Y es que los buenos ejemplos nos ponen en evidencia.



Y lo crucificaron boca abajo.

Y en su agonía el fulano gritó:"¡Dondad mis órganos!".

Y así fue como empezó la lluvia de escupitajos.

Y una vieja le clavó una escoba en el costado.



Y lo crucificaron boca abajo.

Y en su agonía el fulano gritó:



"¡Dad a los pobres mis trastos!".

Y en su penúltimo suspiro susurró: "qué guapo..".

Y cubrieron el cadáver de puñetazos.



Allí hubo más que navajazos.



Y sus restos arrestaron

y los fusilaron.



Y su maldito recuerdo

excomulgaron.



Y a la calle donde vivió

el nombre cambiaron



por "Calle del Santo

hijo del Diablo."