lunes, 27 de febrero de 2012

EL CAMINO A LA FUENTE De Inés la Indómita

Un encantador cuento por parte de Ines.
DISFRUTADLO!!!






El sol despierta a los pajarillos y a las mariposas que aletean sobre 

las margaritas que serpentean el camino a la fuente. Los saltamontes

 y los grillos saltan sobre el suelo pajizo y los cardos esconden con 

sus flores anaranjadas y violetas la agresividad de sus espinas. El 

cielo limpio y azul huele a verano. Y las nubes se transforman en 

cucuruchos de nata y algodones con formas caprichosas.

La pequeña anda dando saltitos. Le brillan sus trenzas doradas y 

sonríen sus grandes ojos color miel. Lleva en su mano derecha un 

botijo pequeño de plástico con rayas blancas y rosas. Tararea una 

canción. Una abeja se acerca a su oreja y se para. Su abuela le dice 

que lo mejor para que no te piquen es estarse muy quieta y aguantar

 el miedo. Oye el zumbido del insecto que no se marcha y la rodea 

una y otra vez. Élla piensa y lo dice en voz alta: “No me vas a hacer 

daño. Me vas a defender”, y al pronunciar la última palabra la abeja 

se marcha precipitadamente.

Continua su camino por la estrecha veredita que ahora baja 

abruptamente y con cuidado pone sus pies en las piedras bien 

encajadas en la curva para no resbalarse con la arena. Presta 

especial atención al suelo y a sus pies que se arquean para adherirse

a la tierra.  Llega al senderillo de la fuente y oye el sonido del agua

que cae en los cántaros y en los botijos de las mujeres del pueblo. 

Siempre hay una fila y hay que esperar el turno. A ella le gusta oír el

sonido del agua en el barro. Cómo va cambiando la sonoridad y sabe 

ya adivinar el momento en que faltan unos segundos para que 

rebose la botija. La gente la llama mozona por ir a por agua a la 

fuente; Con lo pequeña que eres y te gusta ayudar en la casa y no 

holgazanear. Eso está muy bien,  que hay que hacer,  no hay que 

estar de brazos cruzados.

Avispas y tábanos sobrevuelan el frescor del agua y hay  que vigilar

para que no te piquen, y dar algún que otro manotazo. Cuando le 

toca llenar la botija,  antes bebe agua del caño, ¡qué rica!  Y se echa

 agua por la cabeza y los brazos. Se agradece la sombra del tilo y de

la morera que bordean el muro de piedra del lavadero. Cuando no 

hay gente coge un palo y remueve el fango verdoso de la pila dónde

bebe el ganado y las mulas. Y mete los pies en el pilón.

De regreso sube la empinada cuesta y otra vez se acerca una abeja. 

Vuelve a pararse y otra vez al pronunciar la palabra “defender” se 

marcha precipitadamente la abeja. La emoción del triunfo de haber

descubierto una palabra mágica que aleja los aguijones hace que una

sonrisa de oreja a oreja se extienda por su cara que es toda alegría. 

Se siente descubridora de un lenguaje secreto para comunicarse con

otros seres.

De pronto oye los gruñidos del cerdo que está en la cuadra 

destartalada  al lado del camino. Se acerca a la casita de piedra, 

cemento y arena que tiene la puerta tan vieja y desgastada. Habla

con el cerdo. Su abuela también tiene un cerdo y le echa para comer

una papilla de harina, patatas y gamones que huele muy bien.

Pero el cochino de la tía Paca debe de tener hambre porque gruñe 

mucho, mucho y saca el hocico por debajo de la puerta. De repente

la cuerda con la que está atada la puerta a la argolla de la pared se 

rompe y el cerdo feroz avanza furioso y veloz hacia la niña.  Su 

instinto le dice que tiene que correr y como una flecha suelta la 

botija y empieza a correr con el corazón retumbando en su cabeza.

Percibe el olor y el resoplar del animal muy cerca de sus pies pero 

ella no mira atrás, a su mente le llegan las palabras de su abuela de

que los cerdos se comen a los bebes y ella se siente un bebe que va a

ser comido por un gruñido terrorífico y cercano.   Se concentra en su

carrera más y más y por fin llega a la casa de su abuela dónde no 

abre la puerta sino que de un salto  penetra empujando la cortina 

que ondula sobre la parte baja de la puerta de dos hojas…  exhausta

 pero feliz como nunca por haber escapado de esa amenaza.

Oye ahora a las mujeres gritar : se ha escapado un cerdo… venga… 

vamos a cogerlo que se escapa...¿de quién será? … La niña se 

asoma  y grita: ¡¡¡¡¡es el de la tía Paca!!!!

Nunca se le hizo más bonita la casa de la abuela. Corrió a su

 encuentro sin poder hablar y comenzó a llorar.  Nunca se abrazó

sintiendo que estaba tan a salvo en la vida como cuando su abuela la 


estrechó entre sus brazos y sintió sus manos arrugadas  sobre sus


 lágrimas. ¡Menudo susto! Aprendió en ese contacto que hasta el 


temor más intenso se vence con amor. Y la luz de la mirada de su 


abuela la reconfortó venciendo los terrores más negros.


Esa noche soñó que volaba feliz sobre un mundo precioso.